Del matrimonio
Del matrimonio
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Sométanse unos a otros, por reverencia a Cristo. Efesios 5:21
Del matrimonio y esas cosas que se oyen… y se ven.
En días recientes, varios miembros de la iglesia me han preguntado sobre qué podemos opinar los cristianos ante el debate de muchos años abierto, del matrimonio entre personas del mismo sexo. ¿Por qué no se trató eso en la Biblia? Eso me motivó a hacer este pequeño estudio
Leemos en las Sagradas Escrituras que el matrimonio es un estado honroso instituido por Dios, y santificado por la presencia de nuestro Señor Jesucristo en las bodas de Caná en Galilea. En las Sagradas Escrituras el Espíritu Santo consagra el matrimonio como el símbolo de la unión mística entre Cristo y su Iglesia (Efesios 5.21-33). Por ello, debe contraerse con reverencia y en el temor de Dios. El matrimonio fue ordenado por Dios para constituir la sagrada institución de la familia, que es la universidad donde los hijos producto de esta bendición nupcial, aprenderán el valor de la vida y el valor de ser padres con el ejemplo que esta pareja, como padres les darán. Por eso Dios ha honrado el matrimonio, honra a la pareja con la enorme responsabilidad de ser llamados esposo y esposa, y después, padre y madre.
El pecado y sus enormes consecuencias, han desfigurado el concepto de “hogar” establecido por Dios al instituir el matrimonio entre un hombre y una mujer. Por eso en muchos casos ha dejado de ser la universidad de la vida donde nuestros hijos e hijas aprendan el sagrado deber de ser padre y madre causando la confusión y la disfunción de hogares hoy conocida en el mundo. No fue esa la intención de Dios, y por no serla, los hogares disfuncionales, son hogares donde abunda el pecado.
El matrimonio es entre un hombre y una mujer. No hay otra forma establecida por Dios sin que se violen sus mandamientos. Las escrituras nos enseñan que cuando Dios creó al hombre, vio que estaba solo y que en toda su creación no había ayuda adecuada para él. No le dio una mascota para que no se sintiera solo, no le dio otro varón como él para que no se sintiera solo, ni lo llenó de riquezas para que no se sintiera solo pues tenía de todo, sino creó la constitución física, moral y espiritual, totalmente insustituible, en una mujer y se la dio al hombre como pareja diciendo que se unirían perfectamente haciéndose uno solo, y el hombre ya no se sintió solo. Permítanme insistir, la idea de Dios como pareja del hombre es una mujer en todo el sentido de la palabra, y la idea de Dios como pareja para la mujer es un varón en todo el sentido de la palabra. Cualquier variación a esta idea divina, la Biblia en Rom 1.18-28 la llama de dos formas, “pasiones vergonzosas” (Rom 1.26) o perversión y “una mente depravada” (Rom 1.28) o depravación. No hay cabida en las Sagradas Escrituras para varones que se sientan mujeres, ni para mujeres que se sientan varones, para establecer relaciones matrimoniales varón con varón ni mujer con mujer, no importa como se sientan. Esto ya es depravación y perversión. La Palabra de Dios no puede ser torcida ni acomodada.
Debo recalcar el espíritu Bíblico ¿Cuántas mujeres le hizo Dios al hombre como ayuda idónea? Una ¿Cuantos hombres le entregó Dios a la única mujer? Uno. En efecto solo una mujer para el varón y solo un hombre para la mujer. Desde allí ya Dios nos enseñaba el valor de la fidelidad matrimonial. Desde allí ya se santificaba la relación matrimonial entre un varón y una mujer con características físicas, sexuales y emocionales diferentes, pero complementarias, apartándose el uno para la otra y la otra para uno. Complemento no significado en un 50-50 sino en un 100-100 de entrega. Ese es el significado de santificación en el matrimonio. Estar apartados él para ella y ella para él solamente, en el mismo sentido de ser santos de Dios, o sea, apartados para Dios.
Por causa del pecado, según nos enseñan las escrituras, Dios maldijo la tierra (Gen. 3.17b), nunca al hombre y a la mujer. Por eso ellos, y nosotros hasta hoy, arrastramos con dolor la consecuencia de la desobediencia. Con el pecado de Adán y Eva, se abrieron las puertas de la infidelidad del engaño y por lo tanto del adulterio. Pero Dios previó, como Dios que es, que el deseo de ella sea para su esposo cuando dice “..tu deseo será para tu marido…” y que el deseo del varón sea para su esposa “…y él se enseñoreará de ti” (Gen 3.16b.) Allí se nos esta diciendo, que no es malo sentir deseos sexuales, pero que estos deben ser enfocados de la manera correcta y esta es, dentro de la santificación del matrimonio entre un hombre y una mujer. Por eso el apóstol Pablo nos dice “no os neguéis el uno al otro…” (1 Co 7.5a) porque cuando esa negación se da, el pecado está a la puerta. Una vez oí decir a un consejero matrimonial, “cuando las esposa le cierra la puerta de su habitación al esposo, le abre una infinidad de puertas ajenas”. Esto es cierto, pues en este mundo de pecado, la satisfacción y el deleite personal y físico imperan. Esto no es culpa de la mujer solamente, es culpa también del varón que busca esas puertas abiertas. Cuando la mujer o el hombre se niegan físicamente a su pareja están abriendo la puerta de la infidelidad, la mentira, el adulterio y la violencia. Mujer, no te niegues a tu esposo, esposo, conquista diariamente a tu mujer, (Eclesiastés 9.9; Proverbios 5.15-23). Ahora la negación no es sólo para las relaciones sexuales sino, también aquella que es hecha con un fin de revancha o reto. Hay que ser sabios, cuidarse y cuidar a la pareja. Somos responsables ante Dios de el o de ella.
Por último, el apóstol Pedro nos exhorta a saber vivir con sabiduría con ella (1 Pe 3.7), eso quiere decir, entenderla, consentirla, amarla realmente y como resultado tendremos como nos enseña Proverbios 31.10-31, una mujer virtuosa. Se nos exhorta a los varones porque Dios sabía la forma en que nos desarrollaríamos en nuestra vida, como varones en la sociedad que se creó después del pecado en el edén, una sociedad que gira alrededor del varón, técnicamente llamada “Sociedad Androcéntrica”. En breve, el varón es responsable de las reacciones de su esposa, porque ella nos fue entregada desde el inicio por Dios y por eso tendremos que dar cuenta al mismo Dios de nuestro comportamiento con ella.
A las mujeres se les manda someterse (Efe 5.22-24; 1 Pe 3.1), pero no una sumisión esclavizante, sino aquella que es producto del amor que el esposo le brinda a la esposa. No es una sumisión por la fuerza del género, sino por la fuerza del amor.
He visto que cuando se ama, servir no es un deber, ni una obligación, sino servir es una alegría, es un gozo, La esposa espera ansiosamente al esposo para que pruebe el guiso que le hizo, especialmente para él, para que vea los cambios que hizo en la casa cuando él estuvo ausente, y si ambos trabajan, la esposa se siente altamente bendecida con las ayudas que el esposo le brinda en las labores domésticas y en el cuidado de los hijos. Cuando él o ella no anteponen las cosas, los amigos, la televisión o cualquier otra cosa, a ella o a él.
Termino con el pasaje de 1 Pedro 3.7. Note que el trato a la mujer y la forma como manifestamos nuestro amor a nuestra esposa, abre las puertas del cielo. Yo no se porqué Dios hizo esto de esa manera, pero Él es soberano y yo sólo obedezco. Cuando hay problemas en el hogar, las oraciones no llegan a Dios. Dios nos está diciendo, “resuelvan los problemas que tienen, sean humildes, reconozcan sus faltas, pidan perdón a Dios, y perdónense, así, escuchare sobre sus necesidades”
¿Quieres cambiar tu estado matrimonial a una dimensión superior? Haz que Dios sea el centro de tu matrimonio. CONTINUARA….
Preguntas y comentarios, escribir a…. pastorpedro@heberfirstgbc.com
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